Santo Domingo vuelve a ir de romería

La ciudad conmemorará el día 13 el milagro del ahorcado y del gallo y la gallina, una cita que lleva dos años sin celebrarse

Las romerías forman parte de las tradiciones de Santo Domingo de la Calzada. Cada año celebra seis, con el banderazo de salida de sus fiestas patronales del Santo. Desde octubre de 2019 lleva sin organizar ninguna por la pandemia del COVID-19, aunque esto tiene los días contados: el 13 de octubre la ermita de la Mesa del Santo volverá a acoger la romería que recuerda el milagro del peregrino ahorcado y del gallo y la gallina.

Sus promotores, aglutinados en un patronato compuesto por la cofradía del Santo, el Ayuntamiento y el cabildo catedralicio, han decidido organizarla, habida cuenta de la mejoría de la situación sanitaria y de las posibilidades que brinda un espacio al aire libre para seguir las normas de prevención. Esta, además, es una romería menos popular que sus predecesoras al enmarcarse en un día hábil y con pocos actos.

Así las cosas, el programa, sencillo tradicionalmente de por sí, será más o menos parecido, aunque se adaptará alguna de sus citas a la situación actual: a las 13 horas habrá misa, seguida de procesión por los alrededores del templo, y, a continuación de la misma, la tradicional rifa de una imagen del Santo.

La misa en la ermita de la Mesa del Santo será a las 13 horas, seguida de la procesión y de la rifa de la imagen del Santo

Otros años se celebra en la ermita una comida de confraternización de los miembros del patronato, Guardia Civil, Policía Local e invitados, pero este año, dadas las reducidas dimensiones del comedor, será trasladada al salón de las doncellas de la casa de la cofradía del Santo.

La romería rememora el milagro que bien avanzada la Edad Media puso en el mapa a Santo Domingo de la Calzada, a raíz del cual se añadió la coletilla ‘donde cantó la gallina después de asada’. Es el eslogan de un milagro atribuido a la intercesión del patrón de la ciudad que, en su tiempo, se extendió por muchos lugares del orbe –principalmente, a través de los peregrinos que hacían el Camino de Santiago– y que no vino solo, sino que completaba y sellaba ante los ojos del incrédulo corregidor otro milagro no menos conocido, también atribuido a Santiago: el del peregrino al que había ordenado ahorcar y al que una ‘maniobra’ divina devuelve a la vida en lo que no es sino un acto de justicia.