Santo Domingo de la Calzada, el incansable viajero burgalés patrón de los ingenieros civiles

Nacido en Viloria de Rioja (Burgos), fue impulsor de puentes, monasterios y calzadas y fundador del pueblo riojano que lleva su nombre

Hoy12 de mayose celebra Santo Domingo de la Calzada, patrón de los Ingenieros de Caminos Canales y Puertos, Ingenieros de Obras Públicas e Ingenieros Civiles por ser el impulsor de puentes, monasterios y calzadas, además de ser un viajero incansable.Tanto es así que Domingo, nacido en Viloria de Rioja (Burgos), durante sus peregrinajes creó un pequeño pueblo alrededor de una ermitaun puente y un albergue de peregrinos. Esta pequeña localidad no es otra que Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja, que debe su nombre a su fundador y su razón de ser, calzada en el caminar hasta la tumba del apóstol Santiago.

Este pueblo “es el gran hito de la Ruta Jacobea en La Rioja. Santo Domingo nace por y para el camino, siendo el origen y el principal marco del desarrollo histórico, urbano y arquitectónico de la ciudad”, según han explicado a VYMM desde la Oficina de Turismo. Así, Domingo buscó la vía más sencilla y adecuada para facilitar el paso de los peregrinos, trazando una vía entre Nájera y Redecilla del Camino. En el pequeño municipio creado por él, hacia 1120 se asentaron edificaciones en torno a su sepulcro, razón por la cual surgió un burgo que en 1232 sería elevado “a la categoría de cabeza de diócesis episcopal, y en 1250 pasó de manos del abad a la jurisdicción del rey.

Un santo con el fin de facilitar el tránsito

En el siglo XI, Santo Domingo de la Calzada no era más que un gran bosque de encinas a orillas de un tumultuoso río que descendía de las montañas cercanas. En ese mismo bosque se instaló un ermitaño de nombre Domingo, que dedicó todos sus esfuerzos a facilitar el tránsito por las intrincadas tierras a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela. Por esa misma razón, construyó un puente sobre las aguas del río Oja; desmontó parte del bosque para abrir una calzada segura. A sus orillas levantó un hospital y un templo para el socorro material y espiritual de los peregrinos. Este es el germen de lo que en pocos años llegó a convertirse en un importante burgo y la parada más importante (desde el punto de vista de la espiritualidad) que los peregrinos de la ‘Ruta Jacobea’ tienen entre Puente La Reina y León.

Su vida transcurrió, según la información más fiable, entre los años 1019 y 1109, siendo su lugar de nacimiento un pequeño pueblo burgalés llamado Viloria de Rioja, donde a día de hoy se mantiene en pie, aunque a falta de remodelación, la vivienda en la que vivió durante sus primeros años el vecino más ilustre del municipio. Vivió durante 90 años, una larga vida que le permitió ejercer todo tipo de oficios, desde enfermero o médico, hasta cocinero, albañil y arquitecto.

Ya en 1930, se proclamó a Domingo como Patrono Celestial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Más tarde, en el año 1969 se proclamó el patronazgo del Colegio Nacional de Administradores de Fincas y finalmente en el año 1972 de la Gerontología Española.

La leyenda del gallo y la gallina

La localidad que lleva el nombre del santo es “la ciudad de las leyendas”. La más conocida es la del gallo y la gallina, motivo por el que existe un gallinero con una pareja de animales vivos en la catedral del municipio.

Según cuenta la leyenda, un matrimonio alemán y su joven hijo se dirigían en peregrinación a Compostela. Al llegar a Santo Domingo se hospedaron en un mesón. La hija del mesonero se enamoró del joven, pero al no ser correspondida, decidió vengarse ocultando una copa de plata en el equipaje del joven. Cuando éste abandonó la ciudad, la muchacha denunció el robo. Al ser registrado, se encontró la copa entre sus pertenencias, por lo que fue acusado de robo y condenado a la horca. Sus padres continuaron la peregrinación y ya de vuelta comprobaron que su hijo permanecía vivo colgado de la horca, porque Santo Domingo le sostiene desde abajo. Acudieron a contar el suceso al corregidor de la ciudad, pero éste, escéptico, comentó que el joven está tan vivo como un gallo y una gallina asados, que en ese momento justo se disponía a comer. Al instante, las aves recuperaron las plumas y la vida, dando fe del portentoso milagro. De aquí el dicho que dice: Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada.

Por Ivan Tomé